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¿Es posible seguir creciendo e innovando cuando parece que -casi- todo está dicho, o hecho, en el mundo de las redes socialesAl desafío de responder a este interrogante se comprometió la nueva conducción de Instagram, a sabiendas que no era sencillo resolverlo. Y que generar modificaciones que alterasen el status quo de un servicio de intercambio de imágenes y videos tan popular alrededor del mundo, era un riesgo importante. Pero valía la pena intentarlo.

La punta de lanza fue la idea de cambiar el formato en que los usuarios podían subir sus fotografías, que hasta ese momento sólo era cuadrado, una marca distintiva de la compañía desde sus orígenes. Asociar Instagram con una Polaroid desde su ícono, junto al agregado de filtros que le daban diferentes retoques de luces y sombras a las imágenes (incluso el clásico estilo vintage) se presentaba como algo indisoluble. Al borde del sacrilegio para una empresa exitosa.

Eso fue lo que pensó el nuevo jefe de diseño, Ian Spalter, tras desembarcar proveniente de otra “pionera” de su tiempo: Youtube“No termino de llegar y ya quieren romper todo”, se dijo cuando le presentaron el proyecto, que pese a lo simple no dejaba de ser relevante por la impronta que la app tenía entre los miles de consumidores.

Para agosto de 2005, la empresa habilitó a los usuarios a subir fotos y videos de diversos tamaños, sin necesidad de quedar “atados” a las proporciones exactas que venían imponiendo desde la plataforma. En vez de repercutir negativamente, la aceptación fue instantánea ante la opción de ampliar y expandir las posibilidades visuales en ese pequeño-gran universo virtual.

“Se produjo un gran cambio cuando decidimos no ser más cuadrados”, reflexiona el cofundador y CEO de Instagram, Kevin Systrom. Es que lo que podría considerarse tan sólo como una caprichosa excusa de estilo, se convirtió en el puntapié inicial de un cambio progresivo, abierto a la capacidad de renovarse aún desde un modelo asegurado.

Systrom, agrega que si la empresa hubiera esperado hasta que tuvieran muestras de que la app estaba estancada u obsoleta para los tiempos -veloces- que corren, es posible que fuera tarde para innovar.

En la misma sintonía, Spalter comenta: “Lo que en un primer momento me pareció desconcertante, se transformó en una oportunidad. El permiso justo para para probar nuevas cosas y resolver algunos problemas que estaban pendientes”.

Así, se sumaron modificaciones en el intercambio de mensajes entre los usuarios o la chance de generar un relato que dura únicamente 24 hs. con su IG Stories, que sin dejar de tener su inspiración en Snapchat le dio un refresh importante a la aplicación.

Mientras creativos, diseñadores y directivos continúan ideando estrategias para continuar superando el servicio ofrecido a millones de personas que lo utilizan diariamente, lo que parece quedar en claro es que “lo único permanente es el cambio”. Y atreverse a darlo es la clave para no pasar al olvido digital en las redes sociales del siglo XXI.

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